Cofradía Penitencial Cristo de la Buena Muerte

 

Cofradía Penitencial

CRISTO BUENA MUERTE TOLEDO

 LEYENDAS

 COFRADÍA PENITENCIAL CRISTO BUENA MUERTE TOLEDO

El nombre tomado por la Cofradía como del "Cristo de la Buena Muerte" proviene, como reseña el primer hermano mayor fundador D. Luís Rodríguez Dorado en una carta dirigida en 1.958 a un amigo, de la cruz de madera existente en el callejón de Barrio Rey de la ciudad de Toledo, la cual lleva un letrero encima con la inscripción "Cristo de la Buena Muerte". Él mismo supone que debió existir antiguamente una cofradía con este nombre. Pero a pesar de sus desvelos y consultas entre archivos y documentos, no fue capaz de hallar ningún tipo de documentación, que aportase datos al respecto.

 Cuentan que, habiendo llegado a la mencionada calle, dos jóvenes que pretendían conseguir el amor de una hermosa doncella, hija de la dueña de la hostería “La Negra” que estaba ubicada en ese mismo lugar, lucharon bravamente para ver cual de los dos conseguiría el amor de la joven a la que ambos deseaban ardientemente. Uno de ellos quedó malherido en el lance y con palabras entre­cortadas y exhalando un profundo suspiro, dijo: ¡¡Dadme... buena... muerte... Dios ...mío!!. Las palabras fueron escuchadas por un vecino desde su ventana y al día siguiente las hizo públicas. Una ronda de corchetes recogió al herido y le trasladó a la hostería, donde fue curado. Al cabo de un mes, el herido pintó un crucifijo sobre la cruz ya existente. La tradición cuenta que este personaje era Luís Tristán, discípulo de El Greco.

 Solamente existe alguna reseña histórica, proporcionada por Moraleda y Esteban, que relatan que a principios del S. XX <> , dentro de una urna de madera y cristales, maltrecho por las injurias del tiempo, en la angosta calleja o travesía que va de la plazuela de Barrio Rey a la cuesta del Alcázar. Su lugar de ubicación era la fachada izquierda según se va desde la cuesta del Alcázar a la plaza de Barrio Rey, donde hoy existe colgada una pequeña cruz, sin que se haya podido saber lo ocurrido con la anteriormente citada.

 El dueño del edificio a cuya puerta ocurrió el suceso, de acuerdo con la propietaria de la hostería “La Negra” decidió denominar al crucificado: "Cristo de la Buena Muerte".

 Existe otro hecho notable, acontecido a finales del el siglo XIX, que se refiere a esta santa imagen: Corría el año 1.882, cuando Juan Pérez, un carbonero natural de la ciudad de Sonseca, cruzaba una noche por el estrecho callejón llevando consigo bastante cantidad de dinero y fue asaltado por dos enmascarados, que blandiendo navajas en sus manos, le intimidaron a que les entregara el dinero que llevaba. El pobre hombre se defendió con una gran bravura y coraje al tiempo que imploraba la misericordiosa protección del “Cristo de la Buena Muerte”, cuya pintura presenciaba el hecho, y los ladrones huyeron atemorizados sin llegar a causarle daño alguno.

 Los dueños de la hostería “La Negra” y sus sucesores tuvieron un censo para iluminar la imagen todas las noches. A partir de 1.808 se hace cargo de Él la industria pastelera de la familia Granullaque y sus descendientes, obligación que se mantuvo hasta la desaparición de la casa industrial de los Granullaque, acontecida durante la contienda de la Guerra Civil Española.