Cofradía Penitencial Cristo de la Buena Muerte

  Cofradía Penitencial

CRISTO BUENA MUERTE TOLEDO

IMAGEN DEL CRISTO

COFRADÍA PENITENCIAL CRISTO BUENA MUERTE TOLEDO

El primer proyecto de los cofrades, respecto a la imagen, era posesión de un Cristo propio, cuyas características se adecuaran al carácter penitencial y austero de la cofradía, y que al mismo tiempo pudiese ser portado a hombros, por ellos mismos, durante todo el recorrido del Vía-Crucis. Para ello, según acuerdo de la junta directiva de Abril de 1.956, se solicitó presupuesto al escultor toledano, D. Cecilio Bejar, el cual, siendo considerado excesivo para los posibles económicos de la cofradía, quedó rechazado.

En busca de una imagen, se consideró, en Enero de 1.957, la posibilidad de solicitar a las clarisas franciscanas del Real Convento de Santa Clara que les faci­litasen algún Cristo. Ellas, con sumo placer, cedieron la imagen que desfiló en el primer Vía-Crucis, se trataba de un Cristo algo pequeño pero de una enorme antigüedad y belleza. Como dicha imagen, por sus dimensiones, resultaba un poco pequeña para la procesión, el hermano mayor, D. Luís Rodríguez Dorado, pidió a las monjas que les dejasen alguno de los crucifijos que poseían de mayor tamaño. Las religiosas prestaron un Cristo del siglo XV, de autor anónimo, con una preciosa corona de espinas en plata, que actualmente preside el dormitorio, del convento. Esta imagen desfiló solamente un año.

En 1.959 acompañaba a la cofradía, el "Cristo de la Cruz" de la parroquia de Santo Tomé, ubicado actualmente a la izquierda de la capilla de la Virgen de Montesión de la citada iglesia. Dicha imagen debió sufrir algún desperfecto durante la procesión, ya que en junta general de 7 de Marzo de 1.960, se acordó dar un donativo de 300 pesetas a dicha parroquia para su reparación y "en atención a las facilidades que se nos dan para sacar la imagen este año ".

Posteriormente la Junta, reunida el 9 de Abril de 1.960, acuerda nombrar una comisión para que realice las oportunas gestiones para la adquisición de una talla de un Cristo de 1,20 m. de longitud, con cruz redonda de madera. Dicha comisión estuvo formada por D. Luis Rodríguez Dorado, D. Tirso Rodrigáñez y D. Emilio Martínez, quienes se pusieron en contacto con varias casas dedicadas a la imaginería religiosa, ultimando sus gestiones con una de Olot (Gerona) que era la que mejores condiciones económicas ofertaba.

Se pensó adquirir un Cristo realizado en pasta de madera, por un importe de seis mil pesetas. A iniciativa de D. Tirso Rodrigáñez se volvió a pedir a la casa imaginería un nuevo presupuesto por una imagen similar pero esculpida en madera. El precio en que se tasó la nueva talla fue de doce mil pesetas."Al ser conocido dicho importe por un hermano cofrade, éste hizo patente el deseo de que fuese adquirida esta última imagen , ya que la diferencia de precio, sería donada por él".

La humildad y generosidad de dicho hermano cofrade, no permitió que en aquel acta de 1.961, figurara su nombre como donante; pero con el paso de los años, la cofradía quiere tener presente una cariñosa mención especial para D. Tirso Rodrigáñez quien ya fue nombrado el 4 de Marzo de 1.956, como : "Hermano Mayor de Honor de la Hermandad, por sus muestras de entusiasmo, simpatía y cariño hacia nuestra Hermandad". La imagen del Cristo fue bendecida el 24 de Abril de 1.961, en el transcurso de una eucaristía celebrada en el Monasterio de San Juan de los Reyes, por el Prior del Convento y consiliario de la cofradía, el padre D. Luis Ángel de la Fuente. Dicha escultura fue regalada al Real Convento de Santa Clara, cuando se tuvo posesión de la actual, para la devoción de las hermanas, como muestra de gratitud y afecto hacia ellas por la generosidad y amabilidad con la que siempre habían atendido a la cofradía.

La imagen del Santísimo Cristo que actualmente desfila en la procesión, es una hermosísima talla de madera barnizada, casi de tamaño natural, su medida es de 1,20 m, de un Cristo que acaba de morir en la cruz. Ha sido esculpida, en 1.972, por el escultor toledano D. Mariano Guerrero Corrales, cofrade e hijo del famoso escultor Guerrero Malagón, quién quiso plasmar en ella, con una gran certeza, el dolor de la muerte de Cristo después de tanto padecer.

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Su belleza estriba en el tallado de sus trazos. Todo el dolor de la muerte queda plasmado en el rostro inerte del Cristo. Su cuerpo está exhausto por los sufrimientos padecidos en su camino al Calvario. En él se pueden apreciar cada uno de los huesos, músculos y nervios que configuran su frágil cuerpo muerto, cubiertos por una piel seca y ajada por el terrible dolor de la muerte terrena.

Su ubicación desde 1972 ha sido siempre en la primera capilla que existe a mano derecha según se entra por la puerta principal. Con motivo de la realización de una capilla para los mártires franciscanos de la guerra civil beatificados, la imagen del Cristo de la Buena Muerte ha sido trasladada a la pared del fondo, frente al Altar Mayor, logrando con este traslado una mayor presencia en toda la iglesia y un mayor realce de la escultura en el conjunto monumental de San Juan de los Reyes. Este hecho se realizó el 16 de noviembre de 2007.